jueves, 15 de julio de 2010

GRANDE CASTELLA; IMPORTANTE PERERA


El Juli hizo el paseíllo con los puntos frescos y el drenaje puesto. Ni una ovación al hacer el paseíllo. Va, supongo, en el sueldo y el peso de la púrpura. El señor Usechi, asesor de la negación, inepto donde los haya, explicó el otro día que le negó la segunda oreja a Juli porque “no tiene duende”. Una boutade de tal calibre sólo se explica por la estulticia.

Por lo que se ve Castella, premiado con el doble trofeo en el segundo, aúna el duende de Paula, Romero y Curro Puya si retrocemos en la historia del duende. Hay que ser un capullo integral. La faena de Sebastián fue una faena normalita tirando a lineal con los circulares clásicos de su amplio repertorio de cierre. Bien para un trofeo. Y ya. Larguita con aviso antes de entrar a matar. Estocada de habilidad, de brazo más que corazón. Ea, puerta grande de una tacada. Increíble.

El toro primero de El Juli parecía un toro de dibujos animados de la pantera rosa: más que gordo, inflado como un globo. Y escarbaba con la cara de fino hocico entre las manos. Le faltaba echar humo. Y, ya en serio, compás de movimientos y casta. Se paró en la muleta.

Lo que mejor hizo Perera con un lavado tercero, armado por taparse un poco, fue matarlo de una buena estocada. Tampoco había mucho más en una tora simplona y sin remate ni de hechuras ni de viaje.

El cuarto, que llevaba el hierro de Vegahermosa, parecía hecho en dos partes: un tren delantero muy desarrollado y un tren posterior agalgado. Se encogió en el tercio de muerte y lo que embistió fue a arreones arrítmicos.

Es una pena que un pedazo de como Pamplona acabe con una corrida que desdice el título de feria del Toro, con mayúscula. No tenía más el quinto que genio y dos pitones como armas. Lo peor el genio. La voltereta que le propinó a Castella pudo acabar mal. Fea la manera en que lo recogió del suelo. Uno de lo muchos milagros que suceden en San Fermín. La actitud del francés contó por encima de la limpieza o la estructura de la faena. Seco valor.

El sexto, más abierto de pitones, tampoco adquiría lo que se requiere en Pamplona. Firme Perera con el capote, el toro se pegó un volatín en un quite por chicuelinas. Y sin embargo sirvió con bondad en la muleta de un asentado Migue Ángel Perera. Sobre todo en la primera mitad de la faena. Lo pinchó en la suerte decisiva.
Ficha:

Plaza de toros de Pamplona. Miércoles, 14 de julio de 2010. Última de Feria. Lleno. Toros de Jandilla y uno (4) con el hierro de Vegahermosa, encogido y sin ritmo; muy desiguales de hechuras, bajos y con cara como denominador común; terciados y pobres de casta; destacaron el noble 2 y el bondadoso 6 a menos; geniudo el 5;

El Juli, de nazareno y oro. Estocada pasada y atravesada (silencio). En el cuarto, pinchazo, estocada atravesada y descabello (silencio).

Sebastián Castella, de gris perla y azabache. Estocada corta. Aviso (dos orejas). En el quinto, estocada rinconera y atravesada (saludos). Salió a hombros.

Miguel Ángel Perera, de verde manzana y oro. Estocada (leve petición y saludos). En el sexto, dos pinchazos y estocada (ovación de despedida).

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